martes, 28 de septiembre de 2010

Sentimiento egoísta


Aunque sentía la tristeza del lugar,

lágrimas no podía derramar.

Aunque la pobreza me lograba ahuyentar,

de ahí no podía escapar.

Aunque recordara cuantos lujos yo tenía

no hacia nada para cambiar su desdicha.

Como quisiera quitar de mí,

este sentimiento egoísta,

Que evita que yo, las cosas distintas haga.

Como quisiera entender la situación

y así cambiar mi posición.

¿Por qué a mi me toco vivir esta vida,

mientras que a ellos esta otra?

¿Es que acaso así es la cosa?

¿Es que simplemente hay que vivir

para sentir?


Teníamos que usar una foto de las vacaciones de invierno y escribir una poesía de eso. Bueno, nuevamente yo para atrás con la poesía. La foto la saqué en mi viaje de acción comunitaria con el colegio a Santiago del Estero. Para producción literaria. Año 2010.

Soy feliz


Siempre busque un porqué a todo, siempre quise saber porque las cosas sucedían de esta o de esta otra manera. Por eso, creo que cuando escuché una vez a mi mamá decirme “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo” me puse a pensar si realmente las cosas me salían mal porque yo siempre así lo había buscado.

Yo no había estudiado para ese examen, yo no me había cuidado cuando salía.

Buscaba el porqué a las situaciones terribles que solían pasarme en la adolescencia (como por ejemplo ¿por qué los chicos la prefieren a ella?), siempre buscaba una explicación a las cosas que creía anormales. ¿Por qué? ¿Qué sentido tenía? Siempre buscaba una explicación, a algo que no me la daría. Las cosas no cambiarían ni dejarían de ser como son simplemente porque yo les buscara un porqué.

Creo que es por eso, que hoy por hoy, me dejo llevar por las situaciones de la vida (ahora si, cosas significantes). Por eso mismo, no me importa si las cosas salen bien o mal. Total, de los errores se aprende. Empecé a buscar otras maneras de solucionar mis problemas, y sí, como dijo mi mamá, encontré resultados distintos.

Soy feliz.


No sé como salió esto, pero era para producción literaria. Año 2010.

Restricción del horario de los boliches


Debido a los constantes problemas y accidentes causados a las salidas de los locales bailables (y porque no también a la entrada) nuestro gobernador Daniel Osvaldo Scioli presentó a la Cámara de Senadores un proyecto de ley. La norma restringe en la Provincia la hora de ingreso y cierre de los locales bailables. Además, se adhiere a la legislación nacional que la venta de alcohol a menores se considera delito. Los límites impulsados dicen que los locales de la Provincia no podrán permitir el ingreso de jóvenes después de la 1 de la madrugada y que la venta de alcohol será hasta las 4.30 de la mañana y la música deberá apagarse a las 5.30. Dentro de este paquete, también se incluye el cierre de alter hour, es decir, boliches que funcionan de las 6 de la mañana para aquellos jóvenes que desean continuar divirtiéndose. Ahora ¿Cambiará esto la situación?

La propuesta dada por Scioli, suponía estar previamente hablada con los comerciantes de la Provincia, pero ahora, surgen conflictos: hubo algunas marchas en la Capital, pero esta limitación a los horarios pondría en riesgo los negocios. “Si a los controles, no a la restricción” es lo que los comerciantes proponen. Sin embargo, a pesar de las innumerables inspecciones, que no se saben si realmente son realizadas, la mayoría terminan siendo cerradas con algún soborno. Como todo joven, no apoyaría esta ley porque afectaría lo que a mi me gusta hacer; pero si uno se pone del otro lado, lo mira desde un lado un poco más maduro, diría que si la ley tomara otras medidas y se encaminara mejor, podría tener verdadero éxito. De todas formas, si cerraran los locales con anticipación, muchos jóvenes quedarían a la deriva como vagabundos porque hasta entradas las 6 de la mañana no pasan colectivos por las calles de Provincia, lo que provocaría jóvenes deambulando sin rumbo alguno. ¿Cambiaría entonces esta ley la situación que estamos viviendo? ¿Bajaría la cantidad de intoxicados y de accidentes? Los jóvenes tienen acceso al alcohol con mucha facilidad, con solo ir al kiosco del barrio consiguen bebidas alcohólicas, siendo menores, por lo que, estarían ebrios en los locales bailables. Además, la diferencia de horario entre el cierre de las barras y el cierre de los locales es de una hora, y en una hora, el efecto de alcohol no disminuye, sino que se empeora. “El lugar más inseguro es la calle y el gobierno los quiere mandar ahí” planteó Aníbal Mathis, presidente de la Asociación Bonaerense de Empresarios de Confiterías Bailables (ABECBA). Otro de los problemas que esta ley traería con si, es que muchos jóvenes optarían por los locales bailables de la Capital y por ende, los de Provincia perderían clientes y sus ingresos disminuirían por lo que, muchas personas perderían sus trabajos.

Nota de opinión del año 2009. Escrito para la materia de lengua. Es el borrador numero 1 del trabajo, no encuentro el original, capaz haya quedado éste o haya algo más, no lo recuerdo.


Una mañana me desperté y sentía un dolor horrible en mi vientre. No entendía porqué, pero era un dolor muy profundo y punzante. Me levanté de la cama como pude, aguantándome el dolor y sin mostrar en mi rostro que algo me pasaba salí de mi habitación. No quería que mi mamá se diera cuenta que algo pasaba, porque se preocupaba demasiado por todo. Y no necesitaba que se preocupara hoy por mí.

- Hola hija ¿Cómo estás? – me preguntó ella.

- Bien má, gracias – contesté y me fui a preparar para ir al colegio.

Cuando llegué al colegio todavía seguían los dolores horribles y hasta también me sentía mareada. “Algo de lo que comí anoche me deba haber caído mal” pensé por el incesante dolor.

Antes de empezar la primera clase de la mañana, cuando estábamos izando la bandera en el patio del colegio, sentí unas ganas enormes de vomitar. Me excusé lo más rápido con el preceptor diciéndole que me sentía muy mal. Cuando llegué al baño, sucedió. Vomité.

A la otra mañana, y a la siguiente y a la siguiente, el dolor y los vómitos continuaban. ¿Qué me estaba pasando? Decidí hablar con Luli, mi mejor amiga.

- ¿No estarás embarazada, no? – me preguntó ella.

La miré sorprendida. “No puede ser posible” pensé, aunque sabía que sí podía serlo. Suspiré y evité su mirada.

- Cami, ¿no es posible, no? – insistió al ver que yo nada contestaba.

Empecé a llorar y ella recibió su respuesta con eso.

- Tenés que ir al médico – me ordenó levantándose del sillón de su casa donde estábamos las dos sentadas.

- No puedo, ¿Qué voy a hacer? – Sollocé – Diego no va a querer saber nada - empecé a llorar más fuerte y me tapé la cara con ambas manos – Él… me va… a dejar.

Diego y yo estábamos juntos desde hace 4 meses solamente, y no nos iba a hacer bien que yo estuviera embarazada. ¿Qué había hecho para merecerme esto?

- Cami, tranqui… todo va a estar bien – quiso tranquilizarme – Tenés que ir al médico, de verdad.

Yo sabía que todo el mundo decía que todo iba a estar bien nada más para que intentes tranquilizarte aunque no pensaran realmente que así iba a ser. Es decir ¡Tenia 17 años! ¿Qué iba a estar bien?

- ¿Querés que te acompañe? – me preguntó.

- No, hay cosas que debo hacer sola – le contesté.

- Esta bien. Cuidate – me dijo.

Y sentí como Luli me abrazaba fuertemente, dándome a entender que no importaba lo que pasara, ella iba a estar conmigo, apoyándome.



El diálogo que está en verde es el diálogo que teníamos para después escribir un cuento. Ésto salió. Producción literaria, año 2010.

Peligrosa seducción


Era un romance de verano bello,

que terminaría en una traición lastimosa,

borrando la noche joven y calurosa.

Los colores del arco iris ya perdiéndose iban,

de todas maneras, su taconeo femenino al bailar

tal como el ruido del mar, lograba tranquilizar.

Su pequeño vestido seductor,

las miradas que sagazmente se cruzaban,

con un movimiento pasional, casi devastaban.


Después de escuchar una melodía, teníamos que escribir diez palabras y con éstas escribir una poesía. Que ciertamente, no es lo mío. No me gusta. Escrito para prod. Literaria. AÑO 2010

Ernesto y la fábrica de kiwis


Ernesto era un tipo copado. Debería tener más de 80 años ahora, porque aunque nunca me dijo con exactitud su edad, sé que estuvo en la Segunda Guerra Mundial, ése es un buen dato. Siempre nos hablaba de la guerra, él era joven dice, muy joven. Y sin embargo tuvo que estar en la guerra. Porque su padre era General, y era la obligación de Ernesto, de estar en la guerra.

Él era polaco. Su nombre no lo dice, porque su madre es argentina. Pero nació allá, en Varsovia. Seguro te preguntarás que hago hablando de un anciano de 80 años ¿No?

Bueno, Ernesto era especial. Desde que mis hermanos y yo somos chiquitos, que nos escapábamos de casa para estar un rato en la calle con nuestros amigos, que vamos a la casa de Ernesto. Eso fue hace como 20 años atrás, cuando éramos chiquitos.

Ernesto nunca quiso contarme de qué trabajaba. Siempre cuando lo visitábamos, además de darnos montañas de dulces, me contestaba: Juan, deja de preocuparte por mi trabajo, solamente… tengo una fábrica de kiwis. Y yo le sonreía. Porque me lo creía. Es decir, hoy por hoy, no es creíble. ¿Quién se creería que dentro de su casa alguien podría tener una fábrica de kiwis? Además ¿Con qué fin si no vendía frutas?

Pero tengo que confesarles algo: es cierto. Hace unas semanas que volví a mi barrio de la infancia, a recorrer las calles que me hicieron recordar infinidades de cosas que creía haber olvidado. Es más, cuando mi hermano y yo, escribimos nuestros nombres en el cemento húmedo del arreglo de la calle de nuestra casa, todavía estaban ahí. “Juan ´90” y “Diego `90”.

Ahí fue cuando recordé la casa de Ernesto, seguía igual que siempre. Con ese color amarillo pastel del frente, y todo de madera. Al parecer, continuaba manteniendo bien su casa. Me acerqué a tocar el timbre, y me entró una duda: ¿Seguirá viviendo? ¿Seguirá viviendo acá? Sin embargo, alguien ya había abierto la puerta. Era una muchacha, diría yo de unos cuantos años menos que yo. Me miró confundida, y yo a ella.

- ¿Ernesto no vive más acá? – le pregunté, aunque capaz, la chica no tenía ni idea de quien era Ernesto.

- No, mi padre falleció hace unos años – me dijo ella. ¿Padre?

- No sabía que Ernesto tenía una hija… -

Ella se encogió de hombros. Ahí me di cuenta, que por su edad, Ernesto debía de haber tenido a esta muchacha, tiempo después de que yo me mudara. Porque sino, la recordaría.

- Bueno ¿Y quién sos? – me preguntó ella recargándose sobre la puerta. Yo me había quedado pensando.

- Mi nombre es Juan, cuando era un nene jugaba con tu padre.

- Veni, pasa… - me dijo invitándome a su casa.

La casa de Ernesto estaba muy cambiada. Ya no era la misma. Se notaba que esta chica había cambiado todo. Una lástima, siempre la casa de Ernesto me había gustado. Sonreí al ver unas cuántas fotos de él por toda la casa. No encontré foto ninguna de alguna mujer, que pudiera decirse que era la madre de esta chica.

- Mi padre murió, por decisión propia – me empezó a contar ella – No, no se suicidó – me dijo cuando vio mi rostro de preocupación - ¿Nunca te contó? – frunció el cejo y yo lo miré confundida – Lo de su fábrica…

Yo intenté recordar y entender de qué me hablaba la chica, pero no lo entendía. Luego, lancé una carcajada.

- ¿La de kiwis? – y ella asintió entusiasmada – Si, pero ¿qué tiene que ver?

- Bueno, no era una simple fábrica de kiwis… - empezó a contarme mientras abría una puerta de una habitación que yo siempre había visto, pero nunca había entrado – Esta maquina, genera vida humana… tanto como la destruye.

Ella se dio vuelta y notó en mi rostro la desorientación total, estaba diciéndome cosas descabelladas.

- Así nací yo – señaló la máquina, y luego fue a buscar una gran cantidad de papeles amarillos ya por la antigüedad y me los mostró.

Eran bocetos de un bebé e instrucciones de cómo crearlo.

- ¿Eres producto de una máquina? – la miré trastornado, y ella simplemente asintió.

Seguí observando los papeles, y vi que había uno llamado Mortis Lenis, que nunca supe que significaba, pero que tenía anagramas de un hombre muerto.

¿Podía ser todo esto cierto?

- No, esto no puede ser cierto – empecé a reírme – Que chistosa que sos, ¿Cómo puede existir algo así? – negué con la cabeza y le devolví los papeles.

Empecé a caminar a la salida principal, puesto que esta tontería ya me parecía demasiado, ya estaba grande para seguir con mentiras de fábricas de kiwis y regeneración y destrucción de humanos.

- Juan, espera, es totalmente cierto… - me dijo ella mientras me seguía - ¡Espera! Ya lo recuerdo… - dijo ella de golpe – Él dejó algo para ti.

Me frené en ese instante y me giré a verla, la chica entró a otra habitación y salió con un sobre en la mano y me lo dejó.

- Léela, algo debe explicarte él aquí… si me crees, vuelve – me dijo mientras habría la puerta.

Y hoy, estoy, nuevamente sentado a su lado. En la carta Ernesto, con sus sabias palabras me explicaba el funcionamiento de esta máquina, y me otorgaba también el derecho de presentarla como mía. Él ya había probado como crear y como destruir personas. Ahora era mi trabajo difundir el funcionamiento de esta fábrica de kiwis.

Un compañero de producción literaria, dio papelitos con títulos para hacer un cuento. A mi me salió éste "Ernesto y la fábrica de kiwis". Se suponía que debería haber salido algo gracioso -o así lo quería mi compañero- pero más bien lo mío es fantástico, ciencia ficción, no se como calificarlo.

Año 2010

Inentendible



Calor. Mucho calor. Abro los ojos porque estoy demasiado transpirada. Me levanto. Gritos. Rugidos. ¿Qué esta pasando?

- Mama, mama – empiezo a llamar saliendo de mi habitación.

No había nadie.

- ¿Papá? ¿Sebi? – seguí preguntando.

Nadie. ¿Me habían dejado sola? ¿Se habían olvidado de mí?

Abrí la puerta de entrada, y mi entorno me asusto. Los árboles estaban encendidos, fuego por todos lados. No había gente en las afueras. ¿Entonces, qué eran esos gritos? Miré a la derecha y había dinosaurios. ¿Dinosaurios? Es imposible. Ya no existen. ¿Qué está pasando?

Miré nuevamente a mi casa, pero no era mi casa. ¿Dónde estaba?

¿Dónde esta mamá, papá y Sebas? ¿Se habían escapado y se habían olvidado de que yo también estaba?

Tenía miedo, mucho miedo. Quería correr, lejos. Pero no podía. Algo me lo impedía. A lo lejos divisaba ahora unas tres personas. Eran ellos, eran mi familia. Quise empezar a correr, pero nuevamente algo me frenaba. Quería llegar a ellos, pero no podía. Y ellos empezaban a alejarse. Gritaba sus nombres. Pero no gritaba. No tenía voz. Ellos no me escuchaban; y de repente…



Producción literaria, año 2010. Teníamos que escribir un sueño que hayamos tenido, o inventarlo. Esto es un mix de dos sueños que tuve reiteradas veces en mi infancia.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ilusa por siempre


La última vez que supe de Juan, fue una tarde de verano en Londres. Acabábamos de llegar al país inglés hace tan solo dos días, y ya había sido una tortura.

Mi ex marido me había advertido de esto antes de que mi hijo y yo saliéramos del país.

- Yo sé que no podrás cuidar de él – me dijo mientras firmaba los papeles que yo necesitaba para irme de vacaciones con nuestro hijo de tan solo dos años al país británico – Más te vale que hagas bien las cosas, Juana.

Martín y yo nos habíamos separado al tiempo que Juan había nacido. Nunca habíamos funcionado demasiado bien estando de novios, pero en esas tonterías de adolescentes, quedé yo embarazada. La primera medida que decidimos tomar fue casarnos, algo repentino y espontáneo.

Pero salió mal. Estuvimos casados un año, y nos separamos. Pero Juan estaba en el medio, uniéndonos.

El martes a la tarde salí con Juan a uno de los típicos salones de té que hay en Londres, para merendar. Sé que a él le gustaba tomar chocolatadas calientes con tarta de chocolate, y siempre que podía intentaba llevarlo a comer eso. Otra de las cosas que siempre Martín me recriminaba.

- Le das demasiadas calorías, no querrás que nuestro hijo tenga sobrepeso ¿no? -

Siempre me discutía todo lo que hacía para con mi hijo. Debe ser que tanto que me criticó sobre la crianza que le daba a mi hijo, que empecé a creerme que realmente así eran las cosas. Que yo no sabia cuidar de él, y que era la peor madre del mundo.

Esa tarde… me da terror recordarlo. Esa tarde, cuando paseaba de la mano de mi hijo por un parque luego de tomar la chocolatada caliente, dos hombres me empujaron al piso desde atrás y me tiraron al suelo. Lo último que recuerdo es como mi cabeza golpeó contra los adoquines de las calles londinenses y no recordé más nada. Perdí el conocimiento.

Me desperté, creo que como unas dos horas después, en la habitación de un hospital.

- ¡¡¿Y MI HIJO?!! – empecé a gritar a penas me desperté - ¡¡¿DONDE ESTA JUAN?!!

Mis gritos eran desesperados. Cuando recobré el aliento, porque los médicos intentaban frenarme y tranquilizarme, apareció mi ex en la habitación del hospital.

- ¡Lo sabia! Yo sabia que no debía dejarlo solo contigo – me empezó a gritar – Eres una inútil.

Los médicos se las ingeniaron para sacarlo de la habitación y yo no entendía nada. Tapé mis ojos con mis manos y empecé a llorar por la desesperación porque nadie quería decirme qué había pasado. ¿Qué había hecho mal?

- A su hijo… no lo encontramos – empezó a hablar el médico que estaba a mi derecha – No se sabe nada de él.

No podía ser cierto que mi hijo no estuviera. ¿Cómo había podido descuidarlo de esta manera?

Alguien había robado a mi hijo, y había sido toda mi culpa.

Pasaron varios días, y Juan no aparecía. Yo seguía en Londres intentando buscarlo, y mi ex esposo había vuelto a Argentina para seguir con la búsqueda. Me había prometido quedarme en el país británico hasta conseguir encontrar con mi hijo.

Pasaron meses, y yo continuaba en Londres. Y mi hijo seguía perdido. Nadie sabía nada, en el parque nadie había visto nada. ¿Cómo era eso posible? Yo recordaba perfectamente que a esa hora estaba repleto de gente. Pero al parecer todo el mundo había hecho oídos sordos a lo sucedido y se había lavado las manos.

Necesitaba encontrar a mi hijo, necesitaba saber que él estaba bien. Pero lo que yo no sabia, es que iba a morir sin enterarme que en verdad, mi hijo no había sido robado por un extraño, sino más bien por mi ex marido que me lo había arrebatado para siempre de mi vida. Y yo, viviría ilusa para siempre, creyéndome una mala madre.



No me acuerdo cuál fue la consigna para escribir esto; pero si sé que me inspiré habiendo escuchado una vez a Andy en la METRO hablando sobre "Missing Children" que contaban de muchos madres o padres que le dicen a sus hijos que el otro padre lo abandanó, mientras que éste se la pasa buscandolo por mar y tierra pensando que alguien se lo robó. ¿Bizarro, no?

Año 2010

viernes, 23 de julio de 2010

Corazón dictado


Él y yo. Bueno, en realidad, yo y él. Nunca fuimos nosotros. Siempre fui yo, pero detrás de él. ¿Podía eso llamarse una relación? Siempre yo corriendo detrás de él, satisfaciendo sus necesidades (mayormente sexuales). Siempre yo, la tonta e ilusa que lo seguía.

Estaba enamorada. Mi corazón le pertenecía, aunque él no deseaba ser el dueño. Mi corazón estaba junto a él andando, y él no se daba cuenta. A él le gustaba jugar, manosearlo, usarlo, aplastarlo, destrozarlo.

¿Cómo podía alguien ser tan cruel? ¿Es que no se daba cuenta de la persona que tenia a su lado? Él solo jugaba, él solo se divertía. Su risa, su sonrisa. Por Dios, eran tan hermosas. Pero tan crueles. Su risa parecía macabra a veces, pero aún así, lo amaba. Era tan jodidamente egocéntrico, que eso me hacía amarlo más aún.

No amaba a nadie más que a sí mismo, aunque muchas veces me haya dicho que me amaba. Eran puras mentiras. Él no amaba a nadie más que no sea él. Su cuerpo, su cuerpo era tan jodidamente perfecto. ¿Por qué? ¿Es que no podía tener algún defecto? Claro, para los demás tenía muchas imperfecciones, pero para mí, él era un Dios. A pesar de que jugara conmigo, yo siempre buscaba una explicación para ello: “Solamente está confundido” “Él no quiso hacer eso realmente” Me engañaba a mi misma.

Buscaba excusas para MIS acciones. Puesto que él no me obligaba a nada. Él no me obligaba a seguirlo, a amarlo. Pero sin embargo, siempre me llamaba.

Él decía no amarme, pero no podía separarse de mí. Decía no querer nada conmigo, pero sin embargo, sé que cuando rozábamos nuestros cuerpos en un encuentro íntimo y único, él se estremecía también.

No podía encontrarle un nombre. Porque siempre que buscaba alguna explicación a lo nuestro, solo obtenía respuestas frías e inconclusas. Nunca entendí qué fue lo que le pasaba conmigo, porque nunca me lo aclaró.

Simplemente, pasábamos día tras día juntos como si fuéramos una pareja; pero no llevábamos ese nombre. Solamente: “salíamos”. Claramente, eso no le daba la opción para acostarse con cualquiera, y sin embargo, lo hacía. Aunque sabia que eso rompía mi corazón, él lo hacia. Se acostaba con otras mujeres, y me lo decía. “Quiero ser sincero con vos” Era la forma en la que se excusaba, pero yo sabía que bien le gustaba verme sufrir. “Si querés ser sincero, deja de engañarme” le contestaba yo.

En esos momentos, era en los que una pizca de esperanza crecía en mí al ver como intentaba retenerme. “Quiero estar con vos; pero también necesito de otras mujeres” Maldito. Era un maldito dictador. Era el dictador de mi corazón, y las cosas se hacían como él quería. No porque él me obligara, repito. Sino porque yo así lo quería.

Sin importarme nada, sin importarme que él no me diera nada a cambio más que poder sentirme unos instantes en sus brazos, sentirme amada aunque no lo era.

Pero un día todo cambió. Él me cambió. Él se fue. Él se enamoró. ¿Por qué no pasó conmigo? ¿Por qué fue de otra? ¿Qué tenía ella que yo no? ¿Por qué se iba?

Si como yo, nadie lo iba a amar.

Si como yo, nadie lo ama.


Escrito por motus propia. Año 2010.

domingo, 11 de julio de 2010

Elena

A Elena no le gustan los niños. Ella ya es muy anciana y ellos muy jóvenes. Siempre le tiran la pelota a su patio y le arruinan el jardín que tan cuidadosamente Jorge arregla. Ella les grita “¡Purretes! ¡Déjenme en paz!”. Tampoco le gusta eso del Facebook. Siempre ve a su nieta mayor navegando en esa página, mostrando su vida y sus cosas. ¿Qué no tiene privacidad? ¿Qué no sabe que lo interesante es que los demás tengan que tomarse el trabajo de conocerte y no simplemente clickear en una página y listo? Siempre se ríen y se ven muy divertidos frente a la computadora. ¿Qué tendrá de tan emocionante? ¿Por qué no salen a la calle y se encuentran a hablar? Si las tardes primaverales son tan lindas. ¿Por qué no mejor ir a un parque y tocar la guitarra? Eso si es divertido. Además podes ver a tus amigos a la cara, y no tener que hablar con una pantalla que no contesta. Ella cuando era joven solía juntarse con sus amigos en la casa de su vecina. Elena siempre elegía la hamaca para sentarse. Su grupo se llamaba perrovaca. Nunca supieron porqué le habían puesto ese nombre, pero en el momento les había resultado gracioso. Esos nombres extraños siempre los elegía Jorge, su esposo. Cuando era una adolescente también iba todos los lunes y miércoles a clase de origami. Su abuela había sido una geisha y siempre le había interesado la cultura oriental. Recordaba a su abuela con claridad, como cuidaba de sus kids (como ella los llamaba, puesto que la palabra niños por la letra ñ le era muy complicada pronunciar) y como su mimo a la hora de dormir, le daba suficiente alegría para cerrar los ojos y dormir.


Otro juego de producción literaria. Otra persona recortó palabras de una revista (las que están en negrita y color) y de ahí teníamos que, con los espacios que nos había dejado escribir un cuento breve. Y esto salió. Año 2010

martes, 29 de junio de 2010

Monólogo de un marinero

Hace frío, necesito volver a casa. ¿Por qué tuve que viajar en Navidad? Algún día, posiblemente cuando vuelva a casa, voy a dejar de navegar. Estoy acá, con frío, sin poder dormir, ni comer las deliciosas pastas de Lucía. Si, tengo que dejar el barco.

¿Por qué? ¿Por qué mi vida no puede ser como la que llevan los hombres ricos? ¿Por qué me tocó vivir esta miseria? ¿Por qué no puedo estar con mi mujer y mi hijo? La necesito. Quiero estar con mi bebé, que tiene esos ojos celestes como el mar; aunque no tan fríos ni engañosos como él.

Es tan impredecible el mar. Nunca sé si me fallará. Por eso amo tanto a Lucia. Siempre fiel, a mi lado. Ella no me es infiel.

Chau, chau querido mar. Es hora de que esté con la gente que realmente amo.



La profe nos leyó un fragmento de Moby Dick y de ahí, teníamos que hacer un monólogo de los pensamientos del marinero. Y bueno, fue bastante difícil hacerlo. Año 2010

miércoles, 9 de junio de 2010

Un amor más allá de los muertos

Doble faz. Así solía llamarlo ella después de haberlo conocido. Doble faz, por tener doble personalidad. Era un gen, un maldito gen que tenía dentro de él. De día era un apuesto hombre, alto, con cabellos rubios, cortos y revueltos, con nariz respingada y cachetes colorados; pero de noche, esas noches en las que la lluvia y el frío se mezclaban; se convertía en una persona totalmente diferente, con ansias de comer… carne humana.

La confusión interna que siente cuando su mente y cuerpo se transforma a esa otra cosa, a esa monstruosidad, lo tiene devastado. Las reservas de atún, puesto que es este pescado el único que logra tenerlo más o menos cuerdo gracias a la vitamina H, se fueron agotando dentro de la ciudad de Manhattan por su culpa. Hace ya 29 años que viene abasteciéndose con raciones de atún, y ya ni atunes quedan en los puertos.

Todo cambió claro, cuando la conoció a ella. Tan bella, tan hermosa. Fue en una de sus noches oscuras y lluviosas en la que acechaba a una víctima con el fin de saciar su hambre. La vio a ella, tan reluciente, tan empapada y tan asustada. La presencia de él la había atormentado y sus ojos brillaban rogándole que nada le hiciera. Él sintió como su cuerpo se ablandaba, y se transformaba nuevamente.

Era él. Él, el hombre apuesto que sólo se dejaba ver en los días.

Y ella también sintió la conexión. Algo, algo indescriptible los unió. Ese algo que le hizo olvidar a él todo lo que era, sus miedos y temores. Ese algo que le hizo olvidar a ella, que minutos antes, él había querido devorarla.

Esa noche, jurándose amor, ella le pidió que dejara de comer gente.

El juramento, fue cumplido.


Esto es medio raro, por un juego que jugamos "Cadáveres exquisitos" creo que se llama. Donde una persona, tenia que 1) describir a alguien personalmente después pasarselo a otra persona y 2) que describa físicamente y así seguimos un rato más y quedaron todos personajes diferentes; y tuvimos que hacer una historia con esos datos mezclados.

Año 2010.

lunes, 7 de junio de 2010

Las señoritas de Avignon



Quiso creer que nunca terminaría así. Quiso imaginarse a sí misma en cualquier situación, exceptuando ésta. Su ingenio la engañó. Él era más fuerte que sus propios pensamientos. Él la manejaba, él la obligaba. Cerró los ojos intentando concentrarse en otra cosa.

Sentía el frío del cuerpo de su compañera, como si estuvieran realmente entrelazándose unas con las otras. Aunque lo cierto, es que así se encontraban. Todo por el sueño de ese hombre. Su amante. El dueño de su corazón.

Rozó temblorosamente la espalda de la chica de al lado, sintiendo como ésta se estremecía ante el inesperado contacto de su mano.

Sin embargo, las otras extendían sus brazos y piernas queriendo mostrar cada recóndito lugar de su cuerpo. Y claro, pues ellas no tenían ese pudor que la caracterizaba. Ellas no tenían problema de flexionarse, mostrarse, de dejar sus pequeños pechos a la vista.

Él observaba, y se divertía. Así era como él se divertía. Observándolas modelar, posar y hasta gemir desnudas. Esto último, ella nunca se había animado a realizar. Por eso mismo, cree que él se olvidó de ella.

La mujer morena, la que siempre se mostraba sin pudor alguno fue su elegida. Pues claro, a él le gustaba eso. Lo atrevido, lo promiscuo.

Su sonrisa se borró, y se quedó ahí, inmóvil frente a él. Frente a ese hombre que le estaba destrozando el corazón. Cerró los ojos, y así se quedó.


Teníamos que hacer un estilo de cuento con una pintura, y yo elegí "Las señoritas de Avignon" de Picasso (1904)

AÑO 2010

viernes, 14 de mayo de 2010

Dícese de un lugar desordenado

Es un lindo y gran lío. Papeles por acá, papeles por allá. Pequeño, angosto, ancho, alargado, rectangular. Muchas y variadas formas, pero al fin y al cabo, pequeño. Estantes y más estantes, perfumes de su preferencia, maquillaje, colitas, clips para el pelo, y otras cosas más que no dan ganas de contar. Libros, muchos para los poco aficionados; pocos para los aficionados como ella. En inglés, en alemán, en francés, en español.

Un escritorio, la infaltable computadora con una impresora de los años 90, muy pasada de moda y ya sin rosca. Un pequeño ramo de flores, un regalito. Haciendo juego con la impresora, un armatoste por televisor. El televisor más grande y acajonado que su sostén, una mesita con rueditas que debido a la alfombra es imposible arrastrar con facilidad. Debajo de ella, en una caja pequeña y marrón se esconde el viejo y antiguo SEGA familiar. Bueno, en realidad, robado a su hermano mayor. Juegos de mesa sobre él. Ah, y mas papeles.

Cajas también, muchas cajas. Transparentes, de cartón, de zapatos. Libros de texto, cuadernos, carpetas, hojas cuadriculadas, hojas rayadas. Lápices, lapiceras, marcadores, reglas, correctores, plasticolas. Un placard con espejos de puerta, perfecto para una mujer. Mejor no abrir las puertas, porque el desorden que hay dentro de él es mejor evitarlo…

Un corcho con fotos; marca registrada propia, y otro regalado por su mejor amiga. Un póster sobre la cama, de su cantante favorito o mejor conocido como Ricardo Arjona. Una cama con una colcha que solía ser totalmente salmón, pero por su uso y vejez, se volvió algo oscura. Un almohadón que para nada combina con la habitación, y robado del cuarto de su mamá. Un peluche gigante con forma de oso, también un “regalito”. Una pelota inflable gigante, ganada en algún juego de esos que hay que embocar pelotas, en el Parque de la Costa. Más peluches, casi todos regalados. Pero todos especiales.

Toda desprolija, exceptuando los días jueves que alguien se encarga de ordenarla y arreglarla; pero ya el viernes vuelve a ser un caos. Sin ganas de hacer la cama cada mañana, y sin ganas de ordenar la carpeta del colegio después de hacer una tarea; dejando su cuarto desordenado y sin cuidado.

Descripción de un lugar. Recientemente terminado. Año 2010.


jueves, 13 de mayo de 2010

Inexplicable su dolor

La preceptora terminó de tomar lista. Diez ausentes, consecuentemente éramos cinco en la clase. El rostro de la profesora de biología, al ver los pocos alumnos que había, me hizo descubrir el sermón que vendría. Igualmente la prueba empezó. Julieta me miraba preocupada y yo no podía ayudarla, estaba en la misma situación que ella. No sé si por el enojo o por mi falta de estudio, la prueba era demasiado difícil.

La clase terminó, la prueba fue un desastre. Fui con Julieta a comprarnos la merienda, a pesar de que tenía un nudo en la panza a causa de los nervios. Julieta regresó al aula a buscar su dinero que había quedado olvidado, mientras yo me quedé esperándola en la fila del kiosco.

La vi a Julieta volver hacia mí; su rostro me llamó la atención, estaba preocupada y confundida.

-¿Qué te pasa?-le pregunté-

-Encontré esta nota en mi billetera- me mostró un papel que decía con letras recortadas del periódico “OXIGENO”

No encontré ninguna razón para alarmarme, y se lo dije:

-Debe ser algún chico gastándote una broma.

Los gritos, simultáneamente, de una mujer, captaron mi atención. En el silencio solo se escuchaba a esa mujer gritar locamente desde el primer piso. No solo llamaron mi atención, sino la de todo el colegio.

Kevin Ramos, novio de Julieta, había sido hallado en el baño de damas, muerto. Luego de tanto alboroto, un oficial de policía nos dio el veredicto:

El joven ha sido hallado muerto y atado de manos. Luego de que nuestro médico forense lo revisó, pudimos analizar que su muerte ha sido causada por una X persona, quien lo ahorcó y dejó marcas en su cuello.

Julieta no paraba de llorar.


La madrugada del sábado, recibí una desesperada llamada de Julieta, en la que me contó de un raro mensaje recibido a su celular: “ASTATO”

¡Julieta no te persigas! Estás muy nerviosa por lo ocurrido; ya va a pasar.

Al día siguiente, recibí nuevamente una llamada de Julieta. Como ya me había acostumbrado a su voz solloza y alarmante, no me preocupé, hasta que me contó lo siguiente: “Llegaron las nueve de la noche y mi hermano no volvía de hacer las compras. Su celular no contestaba, por lo que mi mamá alarmada, fue a la comisaría. Lo no deseado ocurrió. Mi hermano había sido encontrado a orillas de la laguna del pueblo; ahogado por acción del agua y su desesperación al no poder respirar. Lo que nos llamó la atención, fue que el cuerpo no estaba en el agua, sino a varios metros de ella; dejando en el arena marcas del cuerpo arrastrado. Eso lo reveló el oficial.”

No sabía qué decirle, no supe cómo reaccionar para contenerla. Le dije que si ella quería iba a acompañarla a su casa, y así fue.

Pasada una hora, llegué a su casa. Lógicamente, Julieta estaba a la miseria y no entendía nada. Le pregunté qué significaba ese mensaje, y ella me dijo que no sabía, que con la muerte de su hermano, había dejado de pensar en una posible explicación al mensaje. Pero luego de hablar del tema se dio cuenta que estaba relacionado con la muerte, como así también, nos dimos cuenta que para la muerte de Kevin, también había recibido un mensaje raro.

Intentábamos resolver el enigma y llegamos a pensar que una persona debería estar atrás de ambos crímenes, alguien que realmente odiara a Julieta sería capaz de hacer una cosa así.

Media hora después, estábamos merendando mientras sonó el timbre. Julieta atendió por el portero y nadie contestó. Yo me asomé a la puerta y encontré un papel sobre el piso diciendo lo siguiente: “INDIO”. Me asusté y grite:

¡Julieta, otra señal! -Con mucho miedo vio el papel.-

Ah, no te preocupes, se deben de haber confundido. Indio es el apodo de mi vecino. Después le alcanzo el papel; pero no sé para qué si no dice nada más.

La invité a dar un paseo por la plaza para que se despeje un poco. Estuvimos paseando un rato y tomando un helado. Antes de que oscurezca, decidimos regresar.

En la puerta de su casa había como diez personas. Supuse que era para darle el pésame a la familia de Julieta, pero no.

Nos acercamos a la gente; eran sus vecinos y familiares de ellos. El Indio y su hijo habían muerto en un accidente automovilístico.

Esta vez, Julieta reaccionó diferente:

-Vamos a mi casa, hay que resolver esto con urgencia antes de que continúe- me dijo.

La seguí hasta su casa, y sobre la mesa puso los dos papeles que había recibido y el celular mostrando el mensaje. Fue a traer dos vasos de agua para que tomemos. Ambas llegamos a la conclusión de que era sobre un mismo tema que englobaba a las tres pistas; pero no deducíamos cuál era, y con qué fin.

Mirando los papeles, yo descubrí que detrás del último papel recibido donde decía “INDIO”, decía “AZUFRE”.

Debía ser el signo del hijo del Indio. Ambas en lo primero que pensamos fue en la prueba de biología. Habíamos tenido que estudiar los elementos de la tabla periódica; y estos signos, eran todos partes de ella.

Julieta trajo la tabla y los ubicamos. Mirábamos en el número atómico, en la clasificación, en las características, y hasta en la ubicación; probablemente eran continuos, pero nada de eso. En ese mismo momento su celular sonó. Un nuevo mensaje recibido: “SELENIO –S”

Nos miramos mutuamente.

-Hay que prevenir la próxima muerte-me dijo.

-¿cómo hacemos si no sabemos quién será el próximo?

- Por lo menos deduzcamos el próximo elemento.

Sonó el teléfono. Julieta atendió. Era la hija de la señora de limpieza que trabajaba en lo de Julieta, quien también había cuidado de ella desde pequeña. Había muerto cerca del medio día, al regresar a su casa, desde la casa de Julieta.

Cortó el teléfono y no paraba de llorar; no aguantaba más. No sabía si la seria seguiría, si se iban a seguir muriendo todos sus familiares y seres queridos.

El teléfono volvió a sonar. Julieta no quería atender, tenía miedo. Finalmente, llorando lo atendió. No era una llamada, sino un mensaje en el contestador, que nunca había sido escuchado. Decía: “ARSENICO”

Julieta se largó a gritar, le acerqué el vaso de agua para que se tranquilice y escuché el mensaje. Rápidamente, la convencí de analizar los signos nuevamente, ya que teníamos suficientes para poder descubrir algo.

Julieta agarró la tabla y se fijó en algo que anteriormente habíamos pasado por alto, la abreviatura de cada elemento. Anotamos en una hoja borrador lo siguiente:

OXIGENO O

ASTATO AT

INDIO IN

AZUFRE S

SELENIO –S SE

ARSENICO AS

Nos dimos cuenta que en SELENIO, estaba agregada la connotación “-S”, lo cual pensamos en quitarle la S a la abreviatura de selenio. Empezamos a intentar formar posibles palabras con las letras de las abreviaturas, hasta que Julieta se dio cuenta que leyendo de abajo hacia arriba, menos la “S”, decía ASESINATO.

-No va a morir nadie más Juli, la serie terminó.

-Falta el último elemento, una última muerte, la principal. Por eso ASESINATO, todas nos llevan a la última muerte, mejor dicho, todas me llevan.

Julieta terminó de decir eso y calló desmayada en el piso; muerta.


Es tan feo contar esto después de dos años de estar encerrada acá, todos me analizan, todos me estudian. Por momentos me río, por momentos lloro de mi locura. Pobre Julieta.

Así es, estoy aquí por haber matado a Julieta, y por causar las demás muertes.

Primero comencé por Kevin, lo ahorqué al terminar la prueba de biología, y al comenzar el recreo, la señora de limpieza lo vio.

Lo mismo hice con el hermano de Julieta. En realidad, no llegué a hacerle nada; eso es, no hice nada. En mi ataque de locura, mi meta era matarlo, y lo seguí. Me encontré viéndolo cómo se suicidaba. No hice nada para detenerlo; simplemente una vez ya muerto, lo arrastré hasta la orilla, más lejos de la orilla.

Al Indio tampoco lo maté, le ocasioné daño y terminó muriendo; no solo él, sino su hijo, que no estaba en mis planes. Al ver la gente en la casa vecina de Julieta y enterarme que no solo murió el Indio, sino su hijo, no se me ocurrió mejor idea que al dorso del papel que Julieta recibió con el mensaje “INDIO”, agregarle “AZUFRE”; mientras Julieta fue en busca de los vasos de agua.

La señora de limpieza, al salir de la casa de Julieta, murió atropellada por el auto que manejaba el indio, ya que yo misma había sido quién le cortó los frenos. No la maté yo. Con ella también improvisé.

Finalmente, dejé que Julieta descubriera el misterio; un asesinato. Todas las muertes de personas cercanas a ella, llegaban finalmente a su muerte. Una vez que descubrió la serie, se murió por efecto de las gotas que le puse en el vaso de agua, mientras ella fue a escuchar la contestadota, diciéndole el mensaje “ARSENICO”.

Yo la quería, mucho la quería. Por eso mismo hoy (gracias a la medicación que tomo ya desde hace dos años), puedo pensar y arrepentirme de todo el daño que cause. Sé que es imperdonable todo lo que hice, pero ahora mismo, voy a ir a pedirle perdón. Este cuchillo me ayudará a ir con ella. Sé que va a doler, pero no va a ser tanto el dolor, como el que yo a ella le causé. Me despido con esta confesión.


Es una larga historia el por qué de ésta historia. Todo empieza cuando el año pasado la profesora de Lengua decide hacer una Analogía de cuentos policiales. Pero no era así de simple. Cada grupo (este cuento lo hice con una amiga) tenía que hacer una serie lógica, pasarle esa serie lógica a otro grupo y hacer un cuento con la serie lógica que recibía. ¿se entendió? Bueno, no sé como explicarlo. En fin, de la serie lógica que un grupo me mandó a mí y a mi amiga, salió ESTO. Año 2009

domingo, 9 de mayo de 2010

La obesidad


La obesidad es la enfermedad en la cual las reservas naturales de energía, almacenadas en el tejido adiposo de los humanos y otros mamíferos, se incrementa hasta un punto donde está asociado con ciertas condiciones de salud o un incremento de la mortalidad. Está caracterizado por un índice de masa corporal aumentado (mayor o igual a treinta). Anteriormente, la obesidad simbolizaba una persona que gozaba de buena salud. Sin embargo, ahora se sabe que la obesidad trae con si negativas consecuencias en la salud. La obesidad es un grave trastorno alimenticio, provocado por la mayor ingesta de calorías de las que el cuerpo necesita o una menor actividad física. De todas formas, hay muchos otros factores que inducen a perjudicar la enfermedad como trastornos psicológicos (depresión o estrés) y que podrían llevar a uno a la necesidad de comer y comer.

Según el doctor Toni Grau, psicólogo y responsable de investigación del Instituto de Trastornos Alimenticios (ITA), detrás de un obeso suele haber un perfil con tendencia a deprimirse, con un alto nivel de obesidad y de hostilidad, con cierta inestabilidad y con dificultades en las habilidades sociales y en el control de los impulsos. Esta enfermedad no solo trae problemas de autoestima, debido que a nadie le gustaría verse obeso, sino que trae muchas consecuencias, como lo son problemas cardiovasculares (aumento de corazón), endocrinos (infertilidad), gastrointestinales (hígado graso), renales y genito-urinarios (disfunción eréctil), neurológicos (accidente cerebrovascular), respiratorios (disnea) y psicológicos (depresión). También a raíz de la obesidad se producen cambios en la piel y apéndices (como las estrías, linfadema, celulitis) y cambios en el músculo esquelético (como perdida de la movilidad, osteoartritis).

La Organización Mundial de Salud (OMS), afirmó que 1.200 millones de personas en todo el mundo tienen problemas de sobrepeso y obesidad, que es aproximadamente el mismo número de personas con desnutrición. Además, estudios epidemiológicos muestran que el 55% de la población adulta presenta sobrepeso y el 22% es obesa. Lo que nos lleva a caer en la cuenta de que la obesidad es un problema que esta afectando cada vez más a nuestras sociedades. El número de personas obesas supera a las que sufren de hambre. La obesidad es un fenómeno que puede encontrarse en cualquier país, pero Estados Unidos es uno de los países con mayor porcentaje de obesos. Uno de cada cuatro estadounidenses es obeso; lo que afecta a al país a la hora de reclutar soldados. “Es cada vez más difícil conseguir nuevos reclutas a medida que los norteamericanos se hacen más gordos y más perezosos”, dijo la soldado veterana de Irak Kayla Williams, autora del libro Love my rifle more than you (Amo a mi rifle más que a ti).

Ahora bien, ¿Será nuestra sociedad la que – como sucede con muchos anoréxicos – la que incita a las personas a por ejemplo, comprar los alimentos que en la televisión son publicitados? ¿Será la publicidad la que nos motiva? La publicidad siempre fue un problema grave a la hora de incentivar a la gente a comprar los productos; y sigue siéndolo. ¿No sería posible entonces esta opción? ¿Cuál sería la forma indicada de evitar que nuestra sociedad se convierta en una llena de obesa y enferma? Porque no es solo un problema de imagen, la apariencia sería lo de menos, sino que la obesidad también provoca graves enfermedades que hasta podrían llevar a uno a la muerte.

En síntesis, opino que la obesidad es un grave problema y que los padres que tienen hijos con este problema, deberían hacer algo para cambiar la salud de sus hijos; deberían pensar en algo para que puedan crecer saludablemente y no contraigan enfermedades que podrían ser prevenidas. Además, el gobierno debería incentivar de alguna manera a las personas a cambiar. Así mismo, las personas adultas que sufran de obesidad deberían ir algún grupo terapéutico o nutricionista para poder cambiar su rutina y su dieta. Siempre hay que empezar desde abajo, y de a poco... sino, las cosas no funcionan.

Otra nota de opinión, año 2009.

jueves, 29 de abril de 2010

La naturaleza y su venganza


Aún recuerdo esos viejos momentos, en los que sonreír era parte de la vida cotidiana, un siglo pasó ya de esa época. Aunque debo admitir que los años me han llevado a empezar a olvidar cada detalle de mi adolescencia. Hace más de un mes que no salgo de mi casa, creo que soy la única persona que aún sobrevive, no lo sé. No me atrevo a dejar mi espacio, no me atrevo a salir a la oscuridad de la tierra, o de lo que queda de ella. La habitación en la cual me encuentro encerrada, es el sótano, aquí me provengo de mis alimentos y de mi higiene, tampoco hace un mes que salgo de aquí. Es el lugar más seguro. La tecnología ha avanzado tan rápidamente, más de lo que en mi adolescencia avanzó. Con un simple clic en un botoncito, tengo la comida preparada a mi lado; pero esto no es todo, la tecnología arrasó con la vida humana, y con la naturaleza, también.

Este esta siendo nuestro peor problema. La naturaleza se siente amenazada, como la humanidad también lo hace –aunque esta última disfruta de la tecnología sin quejarse- la diferencia es que la naturaleza, se esta vengando por ello. Las plantas tiene la habilidad de liberar una toxina que nos vuelve locos. Dicha toxina te hace entrar en un trance del que no podrás salir nunca, te vuelve idiota, sin cerebro… lo que te lleva al suicidio. La gente ha estado cayendo desde hace dos días, hasta ayer que proveía de mi televisor portátil podía ver lo que afuera se estaba viviendo.

El hombre de ahora no se preocupa por lo que a su alrededor pasa, el hombre de ahora esta carente de sentimientos como si de un robot se tratase. El hombre de ahora no es más que una malévola máquina que hace y dice lo que quiere. Si quiere matar, mata. Si quiere robar, roba. Si quiere maltratar, maltrata. Antes que esta monstruosidad de la naturaleza sucediese, la vida humana se estaba viendo en extinción, como si fuéramos osos pandas –que ciertamente, hace décadas que ya no existen-. Los niños desaparecieron de la faz de la tierra, la gente ya no desea engendrar, la gente prefiere verse metida dentro de la destrozadora tecnología.

Mi edad no me ayuda mucho, a cada momento estoy más y más cansada, sin ganas de continuar moviéndome. Si voy a morir, no quiero que sea matándome yo misma. Esperaré, y esperaré hasta que todo haya cambiado. Hasta que la naturaleza se cansé de provocarnos la muerte, aunque claro… la comprendo, nosotros nos hemos empecinado a amenazarla y destruirla desde hace ya muchísimos años.

Una corriente de aire provino del afuera, y abrí los ojos asustada. El aire trasladaba la toxina. No podía sucederme a mí. ¿Cómo no había visto esta pequeña abertura en la ventana? Las partículas de la toxina comenzaron a inundar mis fosas nasales, ya no se quien soy, ya no se quien seré. ¿Dónde estaré? Lo único que sé, es que esa cierra que tengo frente de mis ojos, será el motivo de mi muerte.

tenia que hacer una producción ficticia, me basé en una película que vi, y ésto salió. año 2009.