Es un lindo y gran lío. Papeles por acá, papeles por allá. Pequeño, angosto, ancho, alargado, rectangular. Muchas y variadas formas, pero al fin y al cabo, pequeño. Estantes y más estantes, perfumes de su preferencia, maquillaje, colitas, clips para el pelo, y otras cosas más que no dan ganas de contar. Libros, muchos para los poco aficionados; pocos para los aficionados como ella. En inglés, en alemán, en francés, en español.
Cajas también, muchas cajas. Transparentes, de cartón, de zapatos. Libros de texto, cuadernos, carpetas, hojas cuadriculadas, hojas rayadas. Lápices, lapiceras, marcadores, reglas, correctores, plasticolas. Un placard con espejos de puerta, perfecto para una mujer. Mejor no abrir las puertas, porque el desorden que hay dentro de él es mejor evitarlo…
Un corcho con fotos; marca registrada propia, y otro regalado por su mejor amiga. Un póster sobre la cama, de su cantante favorito o mejor conocido como Ricardo Arjona. Una cama con una colcha que solía ser totalmente salmón, pero por su uso y vejez, se volvió algo oscura. Un almohadón que para nada combina con la habitación, y robado del cuarto de su mamá. Un peluche gigante con forma de oso, también un “regalito”. Una pelota inflable gigante, ganada en algún juego de esos que hay que embocar pelotas, en el Parque de la Costa. Más peluches, casi todos regalados. Pero todos especiales.
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