
Aún recuerdo esos viejos momentos, en los que sonreír era parte de la vida cotidiana, un siglo pasó ya de esa época. Aunque debo admitir que los años me han llevado a empezar a olvidar cada detalle de mi adolescencia. Hace más de un mes que no salgo de mi casa, creo que soy la única persona que aún sobrevive, no lo sé. No me atrevo a dejar mi espacio, no me atrevo a salir a la oscuridad de la tierra, o de lo que queda de ella. La habitación en la cual me encuentro encerrada, es el sótano, aquí me provengo de mis alimentos y de mi higiene, tampoco hace un mes que salgo de aquí. Es el lugar más seguro. La tecnología ha avanzado tan rápidamente, más de lo que en mi adolescencia avanzó. Con un simple clic en un botoncito, tengo la comida preparada a mi lado; pero esto no es todo, la tecnología arrasó con la vida humana, y con la naturaleza, también.
Este esta siendo nuestro peor problema. La naturaleza se siente amenazada, como la humanidad también lo hace –aunque esta última disfruta de la tecnología sin quejarse- la diferencia es que la naturaleza, se esta vengando por ello. Las plantas tiene la habilidad de liberar una toxina que nos vuelve locos. Dicha toxina te hace entrar en un trance del que no podrás salir nunca, te vuelve idiota, sin cerebro… lo que te lleva al suicidio. La gente ha estado cayendo desde hace dos días, hasta ayer que proveía de mi televisor portátil podía ver lo que afuera se estaba viviendo.
El hombre de ahora no se preocupa por lo que a su alrededor pasa, el hombre de ahora esta carente de sentimientos como si de un robot se tratase. El hombre de ahora no es más que una malévola máquina que hace y dice lo que quiere. Si quiere matar, mata. Si quiere robar, roba. Si quiere maltratar, maltrata. Antes que esta monstruosidad de la naturaleza sucediese, la vida humana se estaba viendo en extinción, como si fuéramos osos pandas –que ciertamente, hace décadas que ya no existen-. Los niños desaparecieron de la faz de la tierra, la gente ya no desea engendrar, la gente prefiere verse metida dentro de la destrozadora tecnología.
Mi edad no me ayuda mucho, a cada momento estoy más y más cansada, sin ganas de continuar moviéndome. Si voy a morir, no quiero que sea matándome yo misma. Esperaré, y esperaré hasta que todo haya cambiado. Hasta que la naturaleza se cansé de provocarnos la muerte, aunque claro… la comprendo, nosotros nos hemos empecinado a amenazarla y destruirla desde hace ya muchísimos años.
Una corriente de aire provino del afuera, y abrí los ojos asustada. El aire trasladaba la toxina. No podía sucederme a mí. ¿Cómo no había visto esta pequeña abertura en la ventana? Las partículas de la toxina comenzaron a inundar mis fosas nasales, ya no se quien soy, ya no se quien seré. ¿Dónde estaré? Lo único que sé, es que esa cierra que tengo frente de mis ojos, será el motivo de mi muerte.
tenia que hacer una producción ficticia, me basé en una película que vi, y ésto salió. año 2009.


