jueves, 29 de abril de 2010

La naturaleza y su venganza


Aún recuerdo esos viejos momentos, en los que sonreír era parte de la vida cotidiana, un siglo pasó ya de esa época. Aunque debo admitir que los años me han llevado a empezar a olvidar cada detalle de mi adolescencia. Hace más de un mes que no salgo de mi casa, creo que soy la única persona que aún sobrevive, no lo sé. No me atrevo a dejar mi espacio, no me atrevo a salir a la oscuridad de la tierra, o de lo que queda de ella. La habitación en la cual me encuentro encerrada, es el sótano, aquí me provengo de mis alimentos y de mi higiene, tampoco hace un mes que salgo de aquí. Es el lugar más seguro. La tecnología ha avanzado tan rápidamente, más de lo que en mi adolescencia avanzó. Con un simple clic en un botoncito, tengo la comida preparada a mi lado; pero esto no es todo, la tecnología arrasó con la vida humana, y con la naturaleza, también.

Este esta siendo nuestro peor problema. La naturaleza se siente amenazada, como la humanidad también lo hace –aunque esta última disfruta de la tecnología sin quejarse- la diferencia es que la naturaleza, se esta vengando por ello. Las plantas tiene la habilidad de liberar una toxina que nos vuelve locos. Dicha toxina te hace entrar en un trance del que no podrás salir nunca, te vuelve idiota, sin cerebro… lo que te lleva al suicidio. La gente ha estado cayendo desde hace dos días, hasta ayer que proveía de mi televisor portátil podía ver lo que afuera se estaba viviendo.

El hombre de ahora no se preocupa por lo que a su alrededor pasa, el hombre de ahora esta carente de sentimientos como si de un robot se tratase. El hombre de ahora no es más que una malévola máquina que hace y dice lo que quiere. Si quiere matar, mata. Si quiere robar, roba. Si quiere maltratar, maltrata. Antes que esta monstruosidad de la naturaleza sucediese, la vida humana se estaba viendo en extinción, como si fuéramos osos pandas –que ciertamente, hace décadas que ya no existen-. Los niños desaparecieron de la faz de la tierra, la gente ya no desea engendrar, la gente prefiere verse metida dentro de la destrozadora tecnología.

Mi edad no me ayuda mucho, a cada momento estoy más y más cansada, sin ganas de continuar moviéndome. Si voy a morir, no quiero que sea matándome yo misma. Esperaré, y esperaré hasta que todo haya cambiado. Hasta que la naturaleza se cansé de provocarnos la muerte, aunque claro… la comprendo, nosotros nos hemos empecinado a amenazarla y destruirla desde hace ya muchísimos años.

Una corriente de aire provino del afuera, y abrí los ojos asustada. El aire trasladaba la toxina. No podía sucederme a mí. ¿Cómo no había visto esta pequeña abertura en la ventana? Las partículas de la toxina comenzaron a inundar mis fosas nasales, ya no se quien soy, ya no se quien seré. ¿Dónde estaré? Lo único que sé, es que esa cierra que tengo frente de mis ojos, será el motivo de mi muerte.

tenia que hacer una producción ficticia, me basé en una película que vi, y ésto salió. año 2009.

Legalización de la marihuana


Un tema de debate común, y no sólo en nuestro país, es la legalización de la marihuana. En nuestro país, suele verse una cantidad de adolescentes y jóvenes que consumen esta droga, y no específicamente como uso medicinal, sino como un psicoactivo. Argentina suele vivir a diario situaciones de compra-venta, consumo ilegal y hasta delitos cometidos bajo el efecto, no solo de la marihuana, sino de cualquier otro estupefaciente, como lo son el paco, la pasta base o la ketamina. Sin embargo, la marihuana no puede compararse con estas drogas que son sumamente más peligrosas y destructivas.

La legalización de la misma –siempre hablando para consumo personal- podría aumentar la cantidad de delitos en nuestro país, siempre y cuando no se tome responsabilidad del consumo, situación que podría llegar a darse, más que nada en las zonas más marginadas de la Argentina. Así como también, aceleraría la compra-venta aunque está continúe siendo ilegal. Es decir ¿No sería más fácil para alguien vender? ¿Y cómo se supone que uno conseguiría la droga sino es bajo la compra de la misma? Siempre hablando, de que alguien no desee plantar esta especie herbácea en su casa. Es cierto que la legalización de su consumo, haría que muchas personas que gusten encontrarse bajo los efectos de la marihuana, puedan hacerlo libremente y sin ser allanados por ello, pero ¿Eso cambiaria la situación de nuestro país? ¿Eso haría de Argentina una sociedad civilizada y correcta? La legalización de la marihuana provocaría un altísimo ascenso de consumidores, y por ende, de personas que con el correr del tiempo empezarían a perder su capacidad del pensamiento. Millones de jóvenes ya la consumen, las estadísticas se duplicarían, y las próximas generaciones no van a tener la capacidad de llevar nuestro país con las manos en alto.

La legalización de esta droga, debería ser totalmente denegada por nuestro gobierno. Solo traería problemas y deficiencias a nuestro ya, en total crisis, país. Si la gente que lo consumiera, tuviera conciencia de su uso, y responsabilidad por ello, la situación y el planteo sería otro. De todas formas, todos sabemos que, legalizada o no, el consumo de la misma se ve en todas las esquinas.


Nota de opinión, año 2009.

jueves, 22 de abril de 2010

Ernesto, querido.


No todo hombre es dotado de la cualidad de poder hablar y hacerte sentir única. No todo hombre es capaz de enamorarte con un simple gesto. Pero él, si lo es. Es el prototipo de persona que cualquier mujer buscaría. Y nadie mejor que yo para buscarlo. No es solamente su forma de ser, tan llena de galantería, sino la cantidad de cosas que ambos tenemos en común. Lo conocí a raíz de mi abuelo –Cacho-, no son íntimos amigos, pero se conocen lo suficiente. Una vez lo encontré en casa de Cacho, con su pinta tan antigua pero a la vez moderna, con esa mirada tan penetrante y observadora. Algo que aprendí después de verlo reiteradas veces, es que los escritores son y deben ser muy observadores. Él estaba siempre atento de todo, sabía exactamente cuando estaba triste, cuando estaba confundida, cuando estaba contenta.

Lo más llamativo de nuestra relación, es la diferencia de edad que tenemos, ochenta y dos años exactamente es lo que me lleva, y cuando hablo de relación, no hablo sobre una relación amorosa, él esta perdidamente enamorado de Matilde, su esposa. Yo le daría el título de padre –persona afectiva ausente en mi vida-, también diría que él es mi musa y yo soy la suya.

“Como me gusta tu mirada” me dijo una vez mientras tomábamos el té, en su casa de Santos Lugares, más específicamente en el jardín. Mario, su hijo, no se siente muy cómodo cuando lo va a visitar y me ve allí. Digamos que, con él también me llevo varios años, pero no le gusta la idea de que su padre se vea con una niña de mi edad. No soy una niña, tengo quince años, y desde que conocí a Ernesto, me he vuelto una mujer. “Ojala puedas triunfar en tu vida, te lo mereces” agregó después de tomar un sorbo del té de hierbas que tanto le gustaba que le hiciera. Le sonreí con cierta timidez y me levanté para adentrarme a su casa.

Me sentía como en mi casa ahí mismo, no se si era la calidez que Ernesto brindaba, o el hecho de que pasaba más tiempo ahí que con mi propia madre. Intenté, con las pocas fuerzas que tenía, trasladar la antigua radio que tenían en su sala de estar, hacia el jardín. Apreté el botón de encendido, y nuestros oídos fueron inundados por una de las más bellas piezas de Eduardo Falú. Ernesto me miró, y sonrió a la vez. Ahí se marcaba una de nuestras igualdades. Falú había marcado tanto mi vida, mi abuelo – Zbigniew, de procedencia polaca- solía escucharlo con una sonrisa tan encantadora, y los ojos cerrados. Desde entonces, siempre que puedo, a la hora de meditar, lo escucho también. Ernesto lo adora también, es más, cuando se lanzó el disco “Romance de la muerte de Juan Lavalle” con citas de él, usaron a Falú como música de fondo, mostrando la admiración de Ernesto hacia el guitarrista argentino.

“Como me conoces, Carolina” susurró con tanta dulzura en su voz. Si no tendría la edad que tiene, creería que él también está enamorado de mí. Al terminar la canción, le di clic al botón siguiente. “Mamá esta muerta en el ropero…”. Seru Giran. Un clásico. Sonreí al escuchar su melodiosa risa. Sé que esta canción le hace acordar una linda época de su vida. La dejé y me acerqué nuevamente hacia la mesita para tomar asiento. Observé el lugar, los narcisos abundaban en el jardín. Matilde es fanática de los narcisos, hace unos meses le regalé un ramo gigante de narcisos y sentí sus ojos brillar como cuando mira a Ernesto. Sé que se aman más que nada en el mundo; y siento envidia por ellos. ¿Podré yo alguna vez quitar mi corazón del de Ernesto y buscar alguien más adecuado a mi vida? ¿Podré yo vivir, feliz y vieja, junto a un hombre tan respetable? “¿En qué piensas, cariño?” su pregunta no me sorprendió en lo absoluto, él siempre observaba las situaciones. “En la vida” contesté, alzando mis azulados ojos hacia los suyos. “En que será de mi…” y dejé la frase en el aire. No me gustaba hablar de su muerte. Ambos sabíamos que dicha fecha estaba muy cerca, él está por cumplir los noventa y ocho años. Me sonrió afligido. “Tú eres fuerte, Carolina. Yo sé que podrás continuar con la vida” me consoló. Suspiré. Él había sufrido la muerte de su primer hijo, Jorge Federico, hace casi trece años atrás y comprendía mi situación.

Hoy, aquí sentada, tomo papel y pluma. Ernesto, querido. Desplazo mi mano por todo el papel, repasando cada palabra, cada frase, cada párrafo. Describo con total maestría –obtenida gracias a los años que he convivido con mi amado escritor- mis sentimientos hacia él. Le vuelco cada una de las cosas que me suceden cuando esta junto a mí. Expresándole mi amor profundo y eterno, al más grande de mis amores. Ernesto Sabato.


El año pasado (principios del 2009) tuve que hacer una historia real con algún personaje histórico, o al menos, conocido, yo elegí a Ernesto Sábato, y ésto es lo que salió.

miércoles, 21 de abril de 2010

Recuerdo de la infancia


Muchos o pocos. Pero siempre hay recuerdos. Feos o lindos. Pero siempre presentes. A veces borrosos, a veces totalmente claros. Pero si buscas, siempre vas a encontrar.

No diría que tuve una infancia conflictiva ni muy dolorosa, puesto que hoy es totalmente normal que haya chicos con padres separados. Tampoco recuerdo que me haya afectado mucho, pero ahí está el problema: no lo recuerdo.

Capaz lo que más cambió en mi vida en ese momento, que tenía nueve años, fue que me mudé. Y no de una casa a un departamento, o de Martínez a Olivos. Fue de Mar del Plata, a la grandiosa Ciudad de Buenos Aires. Dejé todas esas amiguitas de la infancia, con las que compartís las primeras cosas de tu vida, las primeras muñecas, el primer maquillaje, el primer juguete.

De todas maneras, no recuerdo si me molestó o no.

Sí quería estar con mi papá, y él se quedaba en Mar del Plata. Yo lo quería a él, no quería Buenos Aires, ni mamá, ni hermano, ni abuela. Papá. Sólo él. Pero no tenía otra opción que venir con mi mamá hacia Buenos Aires y vivir en la casa de mi abuela, los cuatro (mamá, mi hermano, mi abuela y yo) en su casita.

Nuevo colegio, nueva ciudad, nuevas costumbres. Difícil fue cuarto grado. Sin amigas, sin apoyo. Pero dicen que el tiempo lo cura todo. Y así fue. Ya en quinto grado empecé a socializar más y a tener más amigas.

Y de a poco, esa pequeña obsesión de mi infancia de querer estar con mi papá, se fue desvaneciendo. Se fue perdiendo. No sólo por la distancia, o porque Buenos Aires empezó a gustarme, sino por muchas circunstancias que empecé a entenderlas al haber entrado en la adolescencia.

Problemas que cuando era una niña, no entendía.


20 de abril de 2010

martes, 20 de abril de 2010

Mi autorretrato


Me gusta lo fácil, pero también la vida complicada. No me gustan las idas y vueltas. Me gusta cantar, pero no en público. Me gustan los idiomas, pero quisiera ya conocerlos todos. Quisiera la facultad, pero extrañaría la secundaria.

Me gusta la niñez y no entender nada ni pasar malos momentos. Me gusta enamorarme, pero me disgusta tener que dejar de hacerlo a la fuerza. No me gusta el dolor pero, ¿Qué sería mi vida sin él? La de todos.

Me gusta hablar y a veces lo hago de más. No me gusta hablar sin pensar, ni tampoco exagerar. Aunque lo haga. Me gusta discutir, pero no pelear. Soy caprichosa y me gusta lo que me gusta. Esto, lo otro y eso también.

Me gusta la playa, pero no la combinación de arena y mar. Ni mucho menos las aguas vivas. También me gusta la montaña y su frío seco. No me gusta el frío invernal, pero tampoco el calor veraniego. Me gusta viajar y conocer. Aprender. Pero no me gusta soportar el viaje en autobús. Prefiero los aviones. Viaje más corto, viaje más cómodo. Me gustan los campamentos, pero no los bichos.

Me gustan mis amigos, y no mis enemigos. Me gusta soñar, pero no tener que caer en la realidad. Me gusta disfrutar, y odio aburrirme. No me gusta mi vida, pero también me gusta.

6 de abril de 2010


In tro duc ción


El fin de este blog, si uno de los otros tantos que tengo, es colgar las producciones escritas que hago; que son mayormente para el colegio, pero que igual los hago con mucho gusto. Algún día subiré algo escrito por mí porque sí (se ven de este tipo en mispalabrascarolesca; pero son más puntos de vista hacia lo que me rodea, que una escritura).

Voy a empezar colgando mi autorretrato, un trabajo que tuve que hacer para la primer clase del taller de producción literaria. Después subiré lo que tengo de tarea para la próxima semana: un recuerdo que nos haya marcado en nuestra infancia. Y después algunas cosas que escribí el año pasado en Lengua y Literatura (y obvio, las que escriba este año en Literatura, también)

Espero que les guste ^^