
Una mañana me desperté y sentía un dolor horrible en mi vientre. No entendía porqué, pero era un dolor muy profundo y punzante. Me levanté de la cama como pude, aguantándome el dolor y sin mostrar en mi rostro que algo me pasaba salí de mi habitación. No quería que mi mamá se diera cuenta que algo pasaba, porque se preocupaba demasiado por todo. Y no necesitaba que se preocupara hoy por mí.
- Hola hija ¿Cómo estás? – me preguntó ella.
- Bien má, gracias – contesté y me fui a preparar para ir al colegio.
Cuando llegué al colegio todavía seguían los dolores horribles y hasta también me sentía mareada. “Algo de lo que comí anoche me deba haber caído mal” pensé por el incesante dolor.
Antes de empezar la primera clase de la mañana, cuando estábamos izando la bandera en el patio del colegio, sentí unas ganas enormes de vomitar. Me excusé lo más rápido con el preceptor diciéndole que me sentía muy mal. Cuando llegué al baño, sucedió. Vomité.
A la otra mañana, y a la siguiente y a la siguiente, el dolor y los vómitos continuaban. ¿Qué me estaba pasando? Decidí hablar con Luli, mi mejor amiga.
- ¿No estarás embarazada, no? – me preguntó ella.
La miré sorprendida. “No puede ser posible” pensé, aunque sabía que sí podía serlo. Suspiré y evité su mirada.
- Cami, ¿no es posible, no? – insistió al ver que yo nada contestaba.
Empecé a llorar y ella recibió su respuesta con eso.
- Tenés que ir al médico – me ordenó levantándose del sillón de su casa donde estábamos las dos sentadas.
- No puedo, ¿Qué voy a hacer? – Sollocé – Diego no va a querer saber nada - empecé a llorar más fuerte y me tapé la cara con ambas manos – Él… me va… a dejar.
Diego y yo estábamos juntos desde hace 4 meses solamente, y no nos iba a hacer bien que yo estuviera embarazada. ¿Qué había hecho para merecerme esto?
- Cami, tranqui… todo va a estar bien – quiso tranquilizarme – Tenés que ir al médico, de verdad.
Yo sabía que todo el mundo decía que todo iba a estar bien nada más para que intentes tranquilizarte aunque no pensaran realmente que así iba a ser. Es decir ¡Tenia 17 años! ¿Qué iba a estar bien?
- ¿Querés que te acompañe? – me preguntó.
- No, hay cosas que debo hacer sola – le contesté.
- Esta bien. Cuidate – me dijo.
Y sentí como Luli me abrazaba fuertemente, dándome a entender que no importaba lo que pasara, ella iba a estar conmigo, apoyándome.
El diálogo que está en verde es el diálogo que teníamos para después escribir un cuento. Ésto salió. Producción literaria, año 2010.
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